Que me he acostumbrado a tu olor, tu sonrisa y tus miradas. No cambio por nada el verte a centímetros de mi boca y besarte, que tus labios son droga. Suenan muy bien tu risa y la mía juntas, pero mejor suenan tus gemidos en mi oreja. Ya lo daba por perdido, para que te voy a engañar, no encontraba motivos para continuar con esto pero es que yo no puedo ser sin ti, que te necesito porque eres mis ganas de seguir. Me salvas incluso cuando ni yo misma sé que me estoy ahogando, tus dedos encajan perfectos con los míos. Tan grande te veía antes... ahora te has hecho tan pequeño, tan vulnerable. El chico duro que nunca se derrumba, y pequeño, yo se que tus ojos guardan tormentas dentro. Que sabes que cuando no sepas donde ir, siempre tendrás mis brazos abiertos porque me has calado, te tengo grabado, tu risa corre por mis venas como si fuera lo que me hace seguir viva. Es cierto, ¿sabias? el corazón se me sigue acelerando cuando te veo, solo tú sabes como ponerme nerviosa y hacer que me tiemblen hasta las pestañas.
Te odio, y te lo diré siempre. Porque hace tiempo que dejé de decirte "te amo" y creo que tardaré un poco más en decírtelo. Por ahora, te seguiré diciendo te odio. ¿Sabes porque? porque cuando me había ido, me hiciste volver cuando te vi sonreír. Y eso no se hace.
Podrás negarme que tu no piensas tanto en mi, que tu también estas más frío y que nunca te has corrido pensando en mi. Pero cariño, sabes que me estarás mintiendo porque yo también te miento. Sabemos que con la mirada nos lo decimos todo, que cuando me ves enojada te mueres por besarme y que tu cuando me gritas me dan ganas de abrazarte. Suena a masoca, pero, ¿a quién le importa?
Tengo mis manos favoritas sujetándome para no dejarme caer.